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Las necesidades energéticas son mayores, pero no hay que comer de forma exagerada, sino que el organismo se adapta aumentando espontáneamente el apetito para cubrir dichas necesidades. Lo habitual suele ser aumentar 9-12 kg.
Si la mujer tenía un buen estado nutricional previo, durante el embarazo no tienen porqué aparecer deficiencias nutricionales.
• Mantener la alimentación variada y equilibrada, tomando de todos los grupos de alimentos: verduras y hortalizas, cereales, frutas, lácteos, alimentos integrales, alimentos proteicos (carnes, pescados, huevos, jamón...), legumbres, grasas y dulces (no en exceso).
• Las necesidades de calcio, hierro, y folato están aumentadas. Las fuentes de alimentos ricos en estos nutrientes son:
· Calcio: lácteos y derivados. 4 raciones/día. 1 ración = 1 vaso de leche, 2 yogures, 2 petit suisse, 1 cuajada, 80 g de queso fresco o 40 g de queso curado.
· Hierro: el de origen animal se absorbe mejor (pescados, huevos, carnes y derivados). El de origen vegetal (legumbres) se recomienda tomarlo junto con alimentos ricos en vitamina C, para que se absorba mejor el hierro.
· Folato: alimentos de origen vegetal (fruta, verduras crudas, hortalizas, zumos, cereales integrales).
• Suplementos de hierro, calcio, y ácido fólico son una medida de prevención nutricional muy habitual, bajo prescripción facultativa.
• Hay alimentos que alteran el gusto de la leche materna, a veces provocan un rechazo en el bebé: cebollas, ajos, espárragos, familia de las coles (berza, coliflor, brócoli), nabo, apio, puerro, condimentos fuertes (pimienta, pimentón, nuez moscada).
• No tomar alcohol.
• Si fuma, disminuya considerablemente este hábito.
• Haga ejercicio físico moderado; es bueno para prevenir el estreñimiento y para fortalecer los músculos que intervendrán en el parto.
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