Cómo nos afecta la luz azul

Martes, 17 Abril 2018
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Cómo nos afecta la luz azul

Estamos muy expuestos a luz azul en nuestro día a día tanto por el sol como por fuentes de luz artificial como luces LED y dispositivos electrónicos (pantallas de televisión, de ordenador, tablets, smartphones...). Analizamos sus efectos sobre nuestros ojos y sobre la piel.

En el día a día nuestra piel se expone a muchos agentes externos que la agreden, como la contaminación, los rayos UV, el humo de los cigarrillos, el estrés, la ansiedad, etc.

En los últimos años ha aparecido en escena un nuevo factor a tener en cuenta y todavía no demasiado conocido: la luz azul. La suma de todos estos agentes externos se llama exposoma y es reponsable del envejecimiento de nuestra piel en un 80%.

La luz azul es un componente natural de la radiación solar, es parte de la luz visible y, a pesar de que es menos energética y menos perjudicial que los rayos ultravioleta, es mucho más penetrante, tanto para nuestra piel como para nuestros ojos.

La implantación progresiva de luces LED y la omnipresencia de las pantallas en nuestras vidas (ordenadores, televisores, tablets, smartphones...) -todas ellas fuentes que contienen una gran cantidad de luz azul a la que estamos expuestos durante largos periodos de tiempo- han llevado a estudiar los efectos de la luz azul sobre la retina (especialmente su relación con la Degeneración Macular Asociada a la Edad) y su relación con trastornos en el sueño y trastornos en la concentración, así como su repercusión en el envejecimiento de la piel.

Efecto pro-oxidante

En el campo de la dermocosmética, algunos laboratorios, como Uriage han llevado a cabo una serie de estudios que ponen de manifiesto el efecto pro-oxidante de la luz azul sobre la piel. En los últimos años se nos ha advertido reiteradamente sobre los daños provocados por los rayos ultravioleta (UVA, UVB e infrarrojos), pero hasta ahora no se tenía en cuenta el daño que puede causar el espectro de la luz visible, en el que se encuentra la luz azul.

La piel se broncea gracias a los rayos UVB, mientras que los rayos UVA son los responsables del fotoenvejecimiento.

Por su parte, la luz azul crea radicales libres que provocan la disfunción de las células en las zonas más profundas de la piel, acelerando su proceso de envejecimiento.

Entre los daños que provoca la luz azul están: la aparición de manchas, la pérdida de firmeza y elasticidad de la piel, la aparición de arrugas y el fotoenvejecimiento de la piel.

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